Hay
unos ojos en el techo de mi cuarto. Enserio. Ya apenas puedo recordar mi vida
antes de que apareciesen. Al principio me daban miedo, pero ahora ya no. Y no
me lo dan porque no parecen cambiar según mi estado anímico, según las cosas
que me pasen…nada. Simplemente están ahí. Mirándome. Siguiéndome por toda la
habitación. En dichos ojos no veo tristeza, ni rabia, ni me increpan, ni me
desean, ni veo reproche, ni siquiera curiosidad. Simplemente están ahí.
Observándome.
-¿Qué
te pasa, vampiro?-me dijo mientras me quitaba el mini de bock de las manos para
acercarlo a sus labios color carmesí- No tienes buen aspecto. Tienes ojeras.
¿Acaso no duermes bien?
Las
estacas me las clavo yo mismo. Dije más tarde. Cuando ella no podía oírme.
Simplemente les acerco el mechero y me las hinco.
El
conejo dijo que habría Alicia. Pero paso los días bebiendo con el tipo del
sombrero, y cada vez que le pregunto por ella, él sonríe más. Ahora sé que
Alicia soy yo. Sólo tengo que encontrarme.
Mi
sombra me persigue. Acelero el paso. Ella lo acelera un poco más que yo. Miro
hacia atrás fingiendo despreocupación y empiezo a trotar. Ella trota algo más
rápido que yo. Así que simplemente decido dejar de fingir y corro. Con todas
mis fuerzas. Miro hacia atrás otra vez a pesar de que hay algo en mi pecho que
me dice que no debería…veo que mi sombra corre algo más rápido.
-Mátame
o sálvame-le dije. Ella simplemente se marchó.
Igual
si no mueren niños en Tailandia los de Francia no podrían gozar de la vida que
tienen, me digo mientras vuelvo a escribirle.
No hay comentarios:
Publicar un comentario