miércoles, 30 de octubre de 2013

El conejo dijo que habría Alicia.

Hay unos ojos en el techo de mi cuarto. Enserio. Ya apenas puedo recordar mi vida antes de que apareciesen. Al principio me daban miedo, pero ahora ya no. Y no me lo dan porque no parecen cambiar según mi estado anímico, según las cosas que me pasen…nada. Simplemente están ahí. Mirándome. Siguiéndome por toda la habitación. En dichos ojos no veo tristeza, ni rabia, ni me increpan, ni me desean, ni veo reproche, ni siquiera curiosidad. Simplemente están ahí. Observándome.

-¿Qué te pasa, vampiro?-me dijo mientras me quitaba el mini de bock de las manos para acercarlo a sus labios color carmesí- No tienes buen aspecto. Tienes ojeras. ¿Acaso no duermes bien?
Las estacas me las clavo yo mismo. Dije más tarde. Cuando ella no podía oírme. Simplemente les acerco el mechero y me las hinco.


El conejo dijo que habría Alicia. Pero paso los días bebiendo con el tipo del sombrero, y cada vez que le pregunto por ella, él sonríe más. Ahora sé que Alicia soy yo. Sólo tengo que encontrarme.

Mi sombra me persigue. Acelero el paso. Ella lo acelera un poco más que yo. Miro hacia atrás fingiendo despreocupación y empiezo a trotar. Ella trota algo más rápido que yo. Así que simplemente decido dejar de fingir y corro. Con todas mis fuerzas. Miro hacia atrás otra vez a pesar de que hay algo en mi pecho que me dice que no debería…veo que mi sombra corre algo más rápido.

-Mátame o sálvame-le dije. Ella simplemente se marchó.


Igual si no mueren niños en Tailandia los de Francia no podrían gozar de la vida que tienen, me digo mientras vuelvo a escribirle. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario