domingo, 6 de octubre de 2013

Ella estaba muy nerviosa.

Mira el móvil otra vez. No debería, pero lo hace. No es tonta. Sabe que no le va a mandar ningún mensaje. Seis días son muchos días. Pero aún así, ahí está, mirando el móvil. No sabe qué puede haber hecho mal. Hablaban mucho, por Facebook, por whats app…Él le contaba sobre sus sueños de que le pagasen por escribir, ella sobre sus sueños de que le pagasen por diseñar ropa. Él le había pedido una camiseta y todo. Le había dicho que iría a su pueblo a verla. Muchas cosas. Se conocieron en la calle, ellas iban a un sitio y ellos a otro pero al final convenció a su amiga para ir al mismo que ellos y encontrárselo allí. En cuanto entró por la puerta y la localizó con la mirada fue directo hacia ella y empezó a hablarle. De repente se la quedó mirando y le sonrío.

-Te voy a besar, tía-le dijo.


Y la besó. Sin más. Como si supiese que ella no iba a impedírselo. Por supuesto no lo hizo. Después fueron todos al piso de una amiga y estuvieron jugando al Pictionary mientras bebían más cerveza y más vino. Hasta el amanecer. Cuando empezaron a hablar se dio cuenta de que prácticamente le gustaban las mismas cosas. Excepto la música. Incluso ambos tenían posters de Audrey Hepburn y de Marilyn Monroe en la habitación. La segunda vez que se vieron fue en un bar. Ella estaba muy nerviosa. Había pasado como un mes desde la noche que se conocieron. A él se le veía tan…tranquilo. Cuando empezó a darse cuenta de lo nerviosa que estaba se reía. Después le dijo que estaba demasiado nerviosa para disfrutar de su compañía, pero que tenía remedio. Y la besó. Fue incluso mejor que el primero. Dos semanas después, en su tercera cita, durmieron juntos. Ella seguía estando muy nerviosa. Prácticamente él tuvo que hacer todo el trabajo. No pudo llegar al orgasmo, no se relajó lo suficiente. A él también le costó pero al final lo hizo. Lo abrazó toda la noche mientras fingía dormir. Él roncaba plácidamente. La abrazaba mientras dormía. Y ahora, simplemente, nada. Ni en redes sociales ni al móvil ni nada. Como si se hubiese desvanecido. ¿Era este su estilo? ¿Conocer chicas y actuar como el perfecto príncipe azul para después de acostarse con ellas no volver a hablarles? ¿No podía haber sembrado menos ilusión en ella para eso? ¿Acaso no se hubiese acostado con él aunque no hubiese empezado a ver esperanzas de futuro? Claro que sí. Entonces, ¿por qué? Igual hasta disfrutaba con eso. El muy cerdo. Luego lo contaría en algún estúpido relato de apenas una página en su blog en el que intentaría meterse en su mente sin resultado. Vuelve a mirar el móvil inconscientemente pero se jura que va a ser la última vez. Lo borra de Facebook. Lo bloquea de WhatsApp. Mañana vuelve a bajar al centro. Piensa ir al bar en el que se conocieron, emborracharse demasiado y acabar con otro tío. Mentalmente empieza a escoger que ropa se va a poner. Por si acaso se lo cruza. Quiere que la mire y vea en haberla dejado escapar el peor error de su vida.

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