jueves, 12 de diciembre de 2013

Me da una hostia.

Me da una hostia. Bueno, no exactamente una hostia, más bien me golpea el pecho y me lo agarra clavándome las uñas.

-Si vuelves a hacer eso te mato, hijo de puta-dice con voz ahogada.

No puedo evitar fijarme en las gotas de sudor que me resbalan por dónde ella me agarra. De todos modos tiene razón. Es la tercera vez en este polvo que se me sale justo cuando ella hace ese grito estrangulado y sin sonido que precede a su orgasmo. Pero joder, no puedo evitarlo, voy demasiado borracho.

-¿Te crees que es aposta, joder?-le espeto frustrado.


Vuelvo manos a la obra. En el segundo en el que me doy cuenta de que me va a fallar el brazo y voy a caer encima de ella voy tan borracho que empiezo a reírme aún antes de que pase. “Ya verás que hostia me como” pienso como un tonto.

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