Nunca
estuve enamorado de ti. Lo siento. Mentí. Te quise, y mucho. Muchísimo. Mil
veces más de lo que cualquier persona con un buen futuro estable y con ganas de
casarse y tener hijos contigo y vivir toda la vida a tu lado y esas mierdas
podrá quererte jamás. Pero no estuve enamorado de ti. Y lo siento. Lo siento
porque es mi naturaleza, no porque sea culpa mía. No es culpa mía no haberme
enamorado de ti. No puedo amar a dos mujeres a la vez. Siempre me han
preguntado a quién me refería cuando hablo de Ella, así, con “e” mayúscula. Yo
también me lo he preguntado muchas veces. Ella es la Muerte. Estoy enamorado de
la Muerte, maldita sea. Estoy enamorado de ella como la idea platónica de
salvación y descanso eterno. No sé las veces que he fantaseado con estar muerto.
Creo que es como dormir. Nunca se está tan a gusto como cuando se está
durmiendo. Ojalá estar muerto fuese como dormir eternamente. Que de vez en
cuando uno pudiese despertarse, ir al baño a echar una meada, fumarse un
cigarrillo en el balcón contemplando la gente y pensar que todo sigue sin
merecer la pena. Y entonces volver a la cama. A dormir. A descansar. A no tener
que sufrir ni trabajar ni ninguna de las cosas que representa seguir con vida.
Estoy enamorado de la Muerte porque la temo. Porque sé que ella gana siempre y
tras ella no hay nada. Estoy enamorado de ella porque es el fin de la obra, y
aunque el 99% de mi sepa que no, hay un 1% de mi que cree que cuando todo haya
acabado lo habré entendido. Que tendrá un sentido entonces. Que al morir diré:
“¡Ah, coño! ¡Era esto!” como si la vida fuese una novela negra barata en la que
en el epílogo entiendes quien era realmente el asesino. En la vida te pierdes
tu propio epílogo. Estoy enamorado de la Muerte. Por muchas razones, pero creo
que la principal, y repito, creo, pues ni yo mismo me entiendo, es que soy como
todos aquellos gilipollas que han soñado con vencerla. Como tantos poetas de
mierda y escritores de cigarrillo entre las comisuras y ojos hundidos. Como
tantos otros que saben que jamás podrán vencerla, pero que creen, aunque jamás
se atrevan a decirlo en voz alta, que quizás son ellos. Que nadie ha podido en
toda la eternidad, pero que si alguien puede, tal vez son ellos. Tal vez soy
yo. Sé que no pero… ¿pero y si sí? Estoy enamorado de la Muerte porque sé que
tarde o temprano llamará a mi puerta. Porque sé que me desea sinceramente. No
tiene heridas que quiere cerrar conmigo ni le recuerdo a nada ni me parezco a
ella. Simplemente me desea por lo que soy. Un ser vivo.
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