viernes, 4 de octubre de 2013

Nunca estuve enamorado de ti.

Nunca estuve enamorado de ti. Lo siento. Mentí. Te quise, y mucho. Muchísimo. Mil veces más de lo que cualquier persona con un buen futuro estable y con ganas de casarse y tener hijos contigo y vivir toda la vida a tu lado y esas mierdas podrá quererte jamás. Pero no estuve enamorado de ti. Y lo siento. Lo siento porque es mi naturaleza, no porque sea culpa mía. No es culpa mía no haberme enamorado de ti. No puedo amar a dos mujeres a la vez. Siempre me han preguntado a quién me refería cuando hablo de Ella, así, con “e” mayúscula. Yo también me lo he preguntado muchas veces. Ella es la Muerte. Estoy enamorado de la Muerte, maldita sea. Estoy enamorado de ella como la idea platónica de salvación y descanso eterno. No sé las veces que he fantaseado con estar muerto. Creo que es como dormir. Nunca se está tan a gusto como cuando se está durmiendo. Ojalá estar muerto fuese como dormir eternamente. Que de vez en cuando uno pudiese despertarse, ir al baño a echar una meada, fumarse un cigarrillo en el balcón contemplando la gente y pensar que todo sigue sin merecer la pena. Y entonces volver a la cama. A dormir. A descansar. A no tener que sufrir ni trabajar ni ninguna de las cosas que representa seguir con vida. Estoy enamorado de la Muerte porque la temo. Porque sé que ella gana siempre y tras ella no hay nada. Estoy enamorado de ella porque es el fin de la obra, y aunque el 99% de mi sepa que no, hay un 1% de mi que cree que cuando todo haya acabado lo habré entendido. Que tendrá un sentido entonces. Que al morir diré: “¡Ah, coño! ¡Era esto!” como si la vida fuese una novela negra barata en la que en el epílogo entiendes quien era realmente el asesino. En la vida te pierdes tu propio epílogo. Estoy enamorado de la Muerte. Por muchas razones, pero creo que la principal, y repito, creo, pues ni yo mismo me entiendo, es que soy como todos aquellos gilipollas que han soñado con vencerla. Como tantos poetas de mierda y escritores de cigarrillo entre las comisuras y ojos hundidos. Como tantos otros que saben que jamás podrán vencerla, pero que creen, aunque jamás se atrevan a decirlo en voz alta, que quizás son ellos. Que nadie ha podido en toda la eternidad, pero que si alguien puede, tal vez son ellos. Tal vez soy yo. Sé que no pero… ¿pero y si sí? Estoy enamorado de la Muerte porque sé que tarde o temprano llamará a mi puerta. Porque sé que me desea sinceramente. No tiene heridas que quiere cerrar conmigo ni le recuerdo a nada ni me parezco a ella. Simplemente me desea por lo que soy. Un ser vivo. 

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