domingo, 10 de noviembre de 2013

Qué tóxico el amor.

Que tóxico es el amor. Cómo puede llegar a contaminarnos tan profundamente en tan corto espacio de tiempo es una de las maravillosas preguntas que jamás podrán tener respuesta. Como nos cambia. Es decir. Miradme. Hace sólo un mes este tío era para mí algo más que mi mejor amigo. Era mi hermano. Mi compañero de viaje. Ahora en la oscuridad del sótano cuando escucho el chasquido del mechero y su cara se ilumina durante un segundo siento el impulso de abalanzarme sobre su cuello. Qué tóxico el amor. Como me inunda. Como me quema las venas. Y eso que la relación empezó como algo más de él y mío que realmente de ella. La relación éramos nosotros. Dos amigos de toda la vida, casi hermanos, que salían con la misma mujer. Sin embargo aunque el eje sigo siendo yo, la línea sobre la que trazo el nosotros ahora ha cambiado. Le excluye a él y precisa de ella con enfermiza obsesión. Me pregunto una vez más si estoy dispuesto a perderle. Me vuelvo a contestar que merecería la pena perderme. Sólo de pensar en sus blancas tetas en la boca de enfrente me pongo enfermo.

-Quiero que dejes de acostarte con ella- le digo sin más.

-¿Cómo?-dice mientras veo su ojo izquierdo gracias a la brasa del cigarrillo-¿Por qué?

-Porque estoy enamorado de ella-contesto.

-Y yo-dice él-Y de ti. Se supone que así funcionaba esto, ¿no? Nuestro amor no es físico pero también es amor. Es nuestro amor el que se complementa con el de ella.

Aprovecho que no me ve y bajo la cara al suelo.

-Para mí ya no-le digo-Ahora siento tu amor como un impedimento para el nuestro.

Se queda en silencio. Lo siento levantarse.

-Creo que nunca me había sentido con el corazón tan roto en mi vida-dice.

Lo escucho marcharse. Creí que él iba a clamar que su amor por ella era más fuerte e íbamos a pelear. Qué estúpido soy. En ese momento me doy cuenta de que voy a perder a los dos. Me levanto y busco a tientas la pared. No enciendo la luz. Comienzo a golpear la pared con todas mis fuerzas hasta que los brazos se me entumecen hasta el codo. Qué tóxico el amor.


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