miércoles, 6 de noviembre de 2013

Ella no se calla la puta boca.

Ella no se calla la puta boca. Y eso está bien pero es una mierda. Está bien porque significa que le gusto. Es una mierda porque literalmente no se calla la puta boca. Creo que no estaba tan acostumbrada al speed como me ha dicho. Seguro que es de las que lo pilla de colorines. Y en la puta misma discoteca, concierto o festival. Tiene cara de novata y de hecho lo es. O eso deduzco de lo que me ha contado. Una relación muy larga. Típico perfil. Ahora se ha soltado las cadenas y está haciendo todo aquello que siempre quiso hacer pero al final no hizo. Está claro que drogarse con desconocidos en bares es una de ellas. No se calla la puta boca así que me excuso y voy al baño y dejo que siga rayando al resto de los de la mesa. El Ñete se levanta y viene conmigo. También tiene la mandíbula floja. Es él el que le está comiendo la cabeza a la chica con la que habla. Me pregunto si no deberíamos cambiar posiciones. Probablemente no. Acabaríamos callados mirándonos el uno al otro y la otra pareja interrumpiéndose constantemente.

-¿Qué te parece?-me pregunta.

-No se calla la puta boca, tío-le digo mientras me bajo la bragueta.

Me cuesta mear porque no para de hablarme. Me dice que no entiende cómo me puede sentar así una anfetamina tan cojonuda, que él tiene ganas de rasgarse la camiseta y gritar en lo alto de un rascacielos. Le digo que yo simplemente estoy guay. Flotado. Con el cuerpo medio insensible pero frío. Noto mucho el frío a mí alrededor. Me rasco la nariz. No hemos hecho bien las últimas rayas y esas putas escamas me han reventado al entrar. Siento como si tuviese un corte en la nariz. Por fin meo y cuando me giro me doy cuenta de que el Ñete sigue ahí hablándome y yo no le estaba escuchando.

-Con esto, solucionao, hermano-dice mientras saca la mano del bolsillo.

Extiende la palma. Un par de nexus. Oh sí, cojonudo digo mientras cojo uno. Un poco de 2cb. La mezcla perfecta para esta noche. Él vuelve directamente a la mesa pero yo paso por la barra a por otra jarra de cerveza. Cuando llego están hablando de las relaciones. De la dependencia y los celos concretamente. Menuda mierda. Ojalá me subiese ya pronto este puto nexus pero sé que con la cantidad de anfeta y cerveza que llevo encima voy a tardar por lo menos una puta hora en que me pegue el buen subidón. Me hago otro porro mientras ellos hablan, para disimular. Así no tengo que fingir que les escucho y mucho menos que participo. Sin embargo cuando ella se gira y me pregunta si es que no le voy a pasar el porro la cosa cambia porque le sonrío y se lo doy y estoy tan seguro de que debo decir algo que empiezo a hacerme el gracioso. Le gusta y se termina de girar para hablar sólo conmigo. Mierda. Necesito ese puto subidón ya, gracias. Me pregunta si tengo alguna ex ya que ella no para de hablar del suyo y le digo que no. No me apetece contarle mi puta vida, creo que con la droga gratis fue suficiente, gracias.  Por fortuna empiezo a sentir la energía subiéndome por la boca del estómago y retomo las riendas. Empiezo a hablar de cosas banales como música y cine y eso. Y joder, me estoy metiendo con ella porque dice que adora el “Diario de Noa” y hay buen rollo, feeling, como que le tiro puyas y ella finge enfadarse y nos reímos, y extiende la mano y me da un golpecito en el hombro y me dice que no sea malo con ella pero de repente hay como un flash en mi cerebro. Me tengo que ir al baño y recostar la cabeza en la pared. Cierro los ojos y en la oscuridad aparecen colores. Cada vez más nítidos. Cuando los abro el baño parece distinto. Ya estoy arriba. Ya lo veo todo en “HD”. De repente me doy cuenta de que no necesito esa mierda y en vez de volver a la mesa voy a la barra, me pido una cerveza grande en un vaso de plástico y me largo de allí. No le digo nada a nadie porque empezarían a insistir en que me quedase y cosas así. El Ñete ya debe ir tan crujió como yo. Ahora mismo le importa un capullo dónde estoy. Ya nos buscaremos mañana, a la hora de volver a casa. Yo paseo por las calles y entro a un bar. En la barra veo a dos chicas hablando y simplemente me aproximo. Con el cóctel de drogas que llevo encima no puedo permitirme desoír los impulsos o intentar controlarme. Podrían volverse contra mí. Me paso un buen rato hablando con ellas. Son pareja. Una estudia no se qué mierda y otra trabaja en el Straperlo, creo que ha dicho. Enseguida vienen otras amigas suyas. Me presentan. Las otras son demasiadas como para fingir que voy a recordar sus nombres, ni los escucho, me limito a oírlos de fondo mientras voy repartiendo dos besos aquí y allá. Me quedo con un nombre. Sofía. Cuando salgo del bar media hora más tarde tengo su número de teléfono en la agenda. Creo que es falso. No me digáis porqué. Esas cosas se notan. Creo que yo tampoco le daría mi número a una drogada que se sienta en la mesa conmigo y mis colegas y empieza a hablar con nosotros sin más. O puede que sí. Tengo otro impulso y vuelvo al bar en el que estábamos. Ahora ya me ha subido del todo. Estoy listo. Me siento a la mesa con ellos y empiezan a preguntarme que dónde cojones estaba. Que ha pasado casi una puta hora desde que dije que iba a mear. Les miento y les digo que he visto a un colega en la barra y me ha insistido en que viese su nuevo coche y el cabrón lo tenía aparcado lejos. Ellos se ríen. Pronto vuelvo a estar hablando con ella cara a cara. Por el rabillo del ojo percibo que el Ñete se me ha adelantado porque se está sentando al lado de la otra y empiezan a liarse. Esta sigue sin callarse la puta boca. Y de repente me doy cuenta de lo fácil que era, estaba ahí todo el rato. Simplemente la beso. Y se calla. Oh, dios. Se calla.

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