Los
orgasmos la cambiaron. Ya no es tan altiva. Se ha despertado antes que yo. La
puerta del cuarto está cerrada. Me levanto y curioseo un poco. Más por hacer
algo que por verdadera curiosidad, la verdad. Hasta sus discos de música son
pijos. Incluso el gesto con el que se quita el sujetador. Como si fuese una
reina. Mirándome fijamente como si me estuviese acompañando de la mano a un
mirador desde el que se viese toda Córdoba de noche y esperando que yo suelte
un suspiro de: “Guau”. Todo su cuarto huele a tía que se creía princesita hasta
bien entrados los diecisiete. Aunque follaba como si estuviésemos en un refugio
nuclear, escuchando el sonido de las bombas y los disparos en el mundo
exterior. A punto de morir en cualquier segundo. Intento recordar qué mentiras
le conté anoche sobre mí mismo. Sé que le dije que se había muerto mi madre
hace muchos años. Cuando vi de que palo iba creo que también le dije que me
encantaban “Tokio Blues” o “El guardián entre el centeno” o cualquier cosa así. Con la cantidad de ron
que llevaba en las venas le hubiese dicho que leía a Luna de Miguel con avidez con
tal de meter la mano en el calor de sus bragas. Que por supuesto que Pearl Jam
estaba mejor que Nirvana. Lo que ella diga. Escucho la puerta y me giro. Es
ella. Me da un beso como si fuese completamente natural y me dice que si me
quiero quedar un rato, que está haciendo café y tostadas y que si quiero ver
una película. La verdad es que me apetece pero tampoco me gustaría que lo
malinterpretase. Decido que qué cojones. No tengo ganas de volver al motel. No
he podido encender aún el móvil así que le pido el suyo para mandarle un sms a
Rafa. Le digo que estoy bien pero no tengo batería y luego los llamo. Creo que
él aprovechó que yo no iba a estar en la habitación para llevarse a la granaina esa que conoció el otro día. Yo
ahora recuerdo que anoche coló que yo era de Almería. No tengo ni puta idea de
cómo. No es que se vea con mucha luz en los ojos la chica esta pero hasta algún
punto de la noche simplemente creí que fingía creerse todas las gilipolleces
que le estaba contando. Pero yo creo que se las cree. Ahora me siento un poco
mal pero pienso desayunar con ella, ver la peli y echar otro polvo si quiere. Para
llevar desde Septiembre en esta habitación la tiene como muy decorada. Casi es
como la de mi casa. Aunque ahora creo recordar que me dijo que el año pasado
también vivió en este piso… A quién le importa. Mientras agarro una taza que
tiene con la imagen de Yoko Ono besando a Paul McCartney decido que le voy a
contar que soy estudiante de interpretación y he venido a hacer teatro. Que
todo lo de anoche era mentira. Por ver qué cara pone más que nada.
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