martes, 22 de octubre de 2013

Quizás no es más que algo a lo que acostumbrarse



Quizás no es más que algo a lo que acostumbrarse. Algo con lo que lidiar y aprender a vivir. Los constantes bajones. ¿Por qué seré así? Igual es simplemente que mis niveles de serotonina son peligrosamente bajos. Sin mayor explicación. Es curioso. Cuando estás fuera es como si todo lo que has vivido en tu vida anterior fuese en otra vida. Como si fuese parte de otra novela. El preludio. Sólo sé que si miro hacia atrás los momentos que más recuerdo son en los que estuve triste o en los que estuve furioso. Ahora creo que es lo mismo. Siempre había creído que cuando no podía sentir tristeza entonces afloraba la rabia. Pero ahora sé que es al revés. Cuando estoy tan lleno de tristeza que no puedo sentir ni una gota más, me desbordo. La mía no es una rabia silenciosa. Es la furia de quien se está intentando morder los dientes, con las cuencas llenas de lágrimas y los puños apretados con tanta fuerza que se hace sangre en las palmas. Sin embargo mi rabia no ha sido nunca autodestructiva en el sentido físico de la palabra. Sí que me ha conllevado mucho dolor, creando un ciclo vicioso del que no puedo escapar, pero por ejemplo nunca me he puesto a golpear la pared con mis puños. Pero he gritado cosas horribles a gente que quiero sólo porque en ese momento…No sé, igual estoy yendo demasiado lejos con esto de la sinceridad pero…qué cojones. Sólo porque en ese momento me encanta. Me encanta destruir. Y me gusta la sensación que me ataca el pecho y la sonrisa cuando quiero desesperadamente herir a alguien (por lo que sea) y lo consigo. Ese momento en el que alguien se marcha llorando, y los demás te miran cabeceando, sin decir nada. Con esa mirada de decepción. Escupir al suelo y marcharme riendo. Sin embargo al día siguiente, la sensación ha desaparecido. Sobre todo la necesidad de sentirla. Y me torturo y me culpo durante horas. ¿Por qué demonios tengo que ir hiriendo a nadie yo que soñaba con curar a todos? ¿Será miedo? ¿Será que no puedo asimilar el fracaso? SI discuto con alguien tengo que destrozarlo. No intercambiar argumentos, imponer los míos. Y no sólo eso, si no que todos en la sala se enteren de que el otro es un imbécil y yo creo que yo no lo soy. Humanista y misántropo. Aunque supongo que ser misántropo es imposible sin ser, en cierto modo, un humanista. No puedes odiar algo que no amas. ¿Fuimos nosotros los que rechazamos a la sociedad como ahora nos gusta alardear orgullosos las noches de bares con los otros “al margen”? ¿De verdad? ¿Seguro que no nos rechazó ella en primera instancia? Y que conste que sólo lanzo la pregunta al aire porque no creo conocer la respuesta. ¿No fue primero que nuestra forma de vivir, de pensar, de sentir chocó con la del resto y entonces tuvimos que separarnos de ellos? ¿Acaso no os enamorasteis de la diosa de vuestra clase cuando eráis pequeños como todo el mundo? Y me debato pensando; ¿Qué será más sano el odio o el llanto? Y cuando estoy algo más optimista me atrevo incluso a preguntarme; ¿Podría forzar el equilibrio que me trajese calma?





¿Sería posible la calma?

Igual sólo es algo a lo que acostumbrarse. Algo con lo que lidiar y aprender a vivir

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