jueves, 21 de noviembre de 2013

Ítaca 2- Ahora entiendo a Nerón.



¿Qué tendrán esos dardos que me arrojas hija puta que no eres capaz de fallar ni uno?
Eh, pero que no me rindo y hasta que no pruebe tus besos mis muertos que estoy de ayuno.
Me desangraré en pie aunque me tenga que empalar a mí mismo.
En este circo donde tú eres leona y yo soy mimo. No me rindo.
Si lo que quieres es comerme el corazón fumaré en silencio mientras te veo hacerlo.
Con una sonrisa. Tantos corazones en el mundo y ella quiere comerse el mío, pienso.
No está tan mal. Aunque si ella es mi recompensa, coño, que me devuelvan el dinero.

Otra tía me vuelve a preguntar que si merece la pena.
Se queda un poco loca cuando no tardo ni un segundo en contestar que claro que no.
No sé que esperaba. Ni hay hadas ni hay hienas. Sólo estás tú.
Me miro al espejo y pienso: ¿Por qué este que veo es más real que el que siento?
¿A ojos de quién? ¿De ellos?
Yo lo que quiero es salvar el mundo para una vez sea perfecto que tenga sentido verlo ardiendo.
Ahora entiendo a Nerón. Quemó Roma porque era suya. Porque era suya y porque no lo era y no lo podría ser jamás. Quemó Roma para que nunca fuese de nadie porque no podía tener dueños.
¿Y si alguien es capaz de realizar lo imposible y no soy yo? Si lo imposible es realmente imposible entonces no importa. Pero, ¿y si alguien lo logra y no soy yo?

¿Sabéis? No sé si es la edad o que ya no me miento. Pero creo que no me lo tomaría tan mal.



No hay comentarios:

Publicar un comentario