lunes, 25 de noviembre de 2013

Repetimos la jugada.

Venga, repetimos la jugada me digo. Concentración. Concentración. No es que sea fácil sujetar cosas con esta sensación tan extraña en las manos desde luego. No puedo recordar mucho de cómo he llegado a esto pero sí que sé que cuando se nos acabó la dosis que teníamos pesada (unos 2’7) José y yo seguimos comiendo setas de la bolsa. Si fuese otra persona ahora igual me arrepentiría un poco. Pero joder, me siento de putísima madre. Escucho al Moreno caerse al suelo de la risa detrás de mí. Concentración. Concentración. Los hielos ya están en el vaso. Me los ha echado José que me mira fijamente con la risa ya preparada pero contenida. No sé cuántas veces he tirado el vaso pero todos tienen asumido que esta va a ser la próxima. Me cago en la puta, Francisco, me digo. Concentración, tío. Tú eres más fuerte que la psilocibina. Bueno, y que el THC. Y que el alcohol. Me apetece otro porro. Concentración, coño. Echo el whiskey y parece que de puta madre. Algo cargado. Ni que lo fuese a notar ahora mismo. Me limpio la mano en la bata. Entonces la miro fijamente y empiezo a fijarme en las costuras. A pasar el dedo. Noto unos ojos clavados. Miro. José se está partiendo el culo. No lo entiendo. Mierda. Ah, sí. El vaso. Concentración. Intento dejar de tocar la bata pese a que está tan suave que simplemente me pasaría horas pasando la mano ahí en medio con los ojos cerrados. La parte difícil. La cocacola. Me concentro en cuando tengo que parar. Empiezo. Ahí vamos. Un poco más. Un poquito más…Para. Para. ¡Para! Ni puto caso. Mis brazos paran segundos después. Me he limitado a gritar la orden en voz alta en mi cabeza pero no he movido los brazos. Me parece raro que yo controle mi cuerpo ahora mismo. Yo ahora sólo soy una voz en el fondo de un rincón de mi cabeza. Pensando. Viendo. Sintiendo. Sólo eso. El cubata se desborda y suspiro. Dejo la cocacola en la mesa. José se sigue partiendo el culo. Me lo contagia. A lo bestia además. Le doy un cabezazo a lo que queda aprovechable del cubata y cae. Mierda. Me giro hacia el Plata.

-Compañero-le digo-Hazte un peta, anda.

Y saco la marihuana de uno de mis bolsillos. Se la lanzo. Cuando me giro José me está echando un cubata. Cuando termina me lo enseña gritando:

-¡Toma! ¡Mira como yo si puedo!

Lo cojo y bebo. Me acerco a la chimenea y seguimos hablando y riendo. Les pregunto que por qué no enchufamos el Pro ya. Que tengo ganas. Me dicen que conecte yo la Playstation si puedo. Me encojo de hombros y me levanto para ir al mueble de al lado de la tele. Miro fijamente la Playstation. Cojo los cables con la mano. Los observo. Paso. Me siento de nuevo. Mi compañero me pasa el porro. Qué rica está la marihuana en mitad de un viaje. Me giro un segundo para mirar la mesa. Está hecha un desastre. Llena de papel higiénico mojado. Huele a coca cola. Tengo la sensación de que lo he hecho yo. Lo pregunto en voz alta.

-¿He hecho yo todo ese desastre?-pregunto señalando.

Se miran. Se ríen. Sinceramente no me acuerdo. Le pido perdón a José y me dice que no pasa nada. Escucho al Moreno decir algo de abrir las ventanas por el humo de la chimenea. Les pregunto si no sería mejor quitar ese extintor que está como a un metro de las llamas. Nos miramos entre nosotros. Nos reímos. Lo quitamos y alguien sale a por más leña. Vuelvo a mirar a la mesa. ¿Cómo cojones he hecho todo eso? No recuerdo cómo he llegado a esto pero sí que sé que cuando nos comimos los 2’7 que teníamos en teoría, José y yo seguimos comiendo setas de la bolsa. Creo. Igual eso fue en otro viaje. ¿No?

-Oye, hermano-le pregunto-¿Hemos seguido comiendo setas de la bolsa cuando ha empezado la subida?

Me mira con una sonrisa cómplice en los labios y los ojos muy brillantes. Asiente en silencio.

-Que guapo-le digo.

Me apetece otro cubata.

-Voy a echarme otro cubata-anuncio mientras me giro.


Todos empiezan a gritar: “no, no, no”. Pero yo no entiendo por qué. Ni siquiera recuerdo cómo he llegado a esto.

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